Te he de regalar rosas rosadas
mi amada María Lidia
tan palpitantes como lucero
ese que de donde quizás me veas
rastrillando el huerto
regando los lirios azules
barriendo las hojas de los ciruelos.
Te he de regalar rosas rosadas
esas que se trepan por el cerco
y aún en nuestra vieja casa
van abrazadas por su frente ardiendo
no sabes cuanto perfuman
cuando lanzo mi suspiro al cielo:
Ay! madrecita mía
no sabes cuanto te quiero!
Te he de regalar rosas rosadas
entre aquilegias y pensamientos
sube mi clamor a Dios
que te conduzca a su aposento
pido en ruego largo
cada día que despierto.
Ay! madrecita de mi corazón
en extrañarte más quiero!
Te he de regalar rosas rosadas
esas que cosechabas para el jarrón
y en la mesa con calas adornabas
tu palacio , mi querer , mi desvelo
y dabas gracias al Señor
por el pan de tu mesa
ganado con gran esfuerzo
alimento de vida a tus hijos
y después a estos cuatro nietos.
Te he de regalar rosas rosadas
que llegue su aroma al firmamento
sea testigo otra vez de tu vivir
entre risas y lamentos
cobijando en tus brazos firmes
las hijas e hijo que se te entregó
al cuidado del corazón
y de los pensamientos
y que hoy arrodillados piden a Dios
que desde lo alto les llegue tu beso.
Meulen/2020
(Poema especial dedicado a mi amada madre Lidia , que en este día 23 de julio fue cuando nació. El Señor te guarde madre querida!)
(Ef 6,18)Orar por los vivos y por los difuntos es una obra de misericordia. De la misma manera que ayudaríamos en vida a sus cuerpos enfermos, así, después de muertos, debemos apiadarnos de ellos rezando por el descanso eterno de sus almas.
«El fuego probará la obra de cada cual. Si su obra resiste al fuego, será premiado, pero si esta obra se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará pero como quien pasa por el fuego» (1 Cor. 3, 15).