VIDA Y LUZ

El silencio es el fondo de la palabra, sin él la palabra se diluye, se confunde y como que no existe. Sólo se escucha bien la palabra que penetra, la que se hiende en el corazón a través del silencio.

El silencio toca la raíz de uno mismo y se siente uno sobrecogido por ese inesperado estremecimiento de la hondura, casi olvidada e inadvertida. El silencio crea la capacidad de resonancia profunda. Y allí la palabra nos puede herir, despertar las zonas más lejanas e intactas de nuestro corazón; y dispara la inercia, las energías dormidas que, sin darnos cuenta, llevamos escondidas.
Desde el silencio la palabra nos devuelve la vida, el amor, todo el cariño y toda la ternura y nos arranca las íntimas sorpresas, y nos trae el secreto oculto allá dentro.

A la distancia que crea el silencio, la palabra nos llega sazonada y sonora. Ahí, callando, se percibe el seno del cobertizo, el seno de la palabra, el seno que acoge la presencia de un niño. Lo demás es secundario, ni se ve tan siquiera, porque lo que nos trae el niño, lo que queremos escuchar es la Palabra, que es lo que nos retiene e interesa. No hay por qué fijarse en otras cosas.

La atención alerta no oye más que la palabra; como que los ojos, los oídos, la sensibilidad, se han despegado de todo lo demás. Avanza uno como hacia la palabra en el silencio a través de un callar y acallar. El silencio nos empuja, el silencio se bebe, se respira, se absorbe.

El don del silencio nos puebla de vida y nos hace campo sembrado de palabra fecunda.

El ruido nos pone delante de nosotros mismos, nos saca de quicio. Pero el silencio recobra nuestro sitio, nuestro ser real.  Como que vivir desde el silencio es vivir desde sí mismo, desde lo concreto y real, lejos de cualquier ilusión.

El ruido, nos deja extenuados en su ir y venir contradictorio; el ruido nos fractura y nos quiebra y nos tritura.

El silencio nos da la palabra que regenera y da vida.

Fr. Moratiel 

***************************************************************    Silenciar el ruido.
Lo que hay que hacer para descubrir mi propio ser, es acallar aquello que se ha añadido a lo que soy. Lo añadido hace ruido en la superficie de nuestra conciencia al que ya estamos habituados. Habría que ir acallando ese ruido. El ruido está hecho de lo que nos parece ser, de lo que nos hemos acostumbrado a ser, de aquellos hábitos mecánicos que nos hemos ido creando. Ese es el ruido y eso es lo que hay que aprender a silenciar.

- Consuelo Martín

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Recordar, volver a pasar por el corazón.

No existe un compartimento del que se pueda extraer el recuerdo de una persona o un acontecimiento en forma intacta, inalterable.

Todo lo que aparentemente se recuerda, en realidad se va creando a través de la imaginación, en este mismo momento. Por eso es que ningún recuerdo puede ser tomado como algo verdadero.

Si nuestro marco de referencia en la vida ha sido ‘aquello que recordamos que pasó’, entonces la hemos estado basando en la irrealidad, en la imaginación.

Ver esto, nos ayuda perder interés en 'lo que algún día pasó’, en lo que no es real y prefiramos, mejor, recordar ESO, que sí es Real.

La etimología de 'recordar’ es: Volver a pasar por el corazón del Latin Re-Cordis ¿No sería mucho más bondadoso, y más útil, por supuesto, volver a pasar por nuestro corazón sólo aquello que es realmente verdadero, sólo aquello que constituye nuestra verdadera naturaleza? ¿Y vivir desde eso?

De hecho… quizás… el único recuerdo real que haya sea el del Amor mismo.

JEFF FOSTER.

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