Chile: color, baile y pañuelos al viento.
Cada año, en este país, parece que con la llegada de septiembre —el mes patrio— la bandera tricolor no solo se ondea los días festivos del 18 y 19. Desde el mismo 01 de septiembre comienza a palpitar esa ansiedad festiva: qué se hará, qué se comerá de nuevo, a qué fondas o ramadas se irá a degustar lo típico de la tradición chilena.
El chileno, por lo general taciturno, reservado y poco elocuente, se transforma y cobra vida en estas fechas. Es como si recibiéramos una energía distinta al ver el primer ondear de banderas al inicio del mes y empezar a mirar el calendario para calcular cuántos días libres tendremos además de los feriados tradicionales. Así, el ánimo se prepara: se proyectan las comidas, se planifica a dónde ir, porque también nos sale el espíritu viajero para recorrer otras zonas y vivir la fiesta en distintos paisajes. Al final, es el pretexto perfecto para seguir conociendo este largo país.
Y qué se sigue sintiendo en este tiempo de festejos... Pues la antesala de un desorden fiestero admirable, aunque a algunos se les pasen las copas. El vino, único en esta tierra y famoso en el mundo, es la base de todo lo demás, destacando el famoso trago "terremoto": una combinación de vino pipeño, helado de piña y granadina. Todos caen ante su dulzura, ¡pero engaña, y al segundo vaso ya estás servido!
¿Y qué hay de la tradición? Mucha. Al chileno no le avergüenza bailar la cueca, nuestro baile nacional, con el pañuelo al viento, los zapateos, las vueltas redondas, de ocho, la correteada, etc. Cualquiera que se sienta entusiasmado por el solo hecho de bailar sale a la pista a zapatear. Es quizás la única instancia en la que nadie teme el qué dirán, aunque muchos queden agotados al primer intento. Y es que lo ideal son tres pies de cueca, ¡y pocos resisten tanto!
Sería muy largo señalar los demás juegos y tradiciones que llenan estos días. Lo relevante es que el chileno celebra a destajo sus fiestas patrias, algo que para nosotros es de lo más normal, pero que deja atónito al extranjero, sorprendido por el carisma único que estas festividades despiertan en todo Chile y en su gente.
Como dice el dicho popular para estas fechas dieciocheras: ¡Somos el mejor país de Chile!


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